Nieve en los bolsillos

Kim

[Norma Editorial 2018]

Kim (Barcelona, 1941) lo ha vuelto a hacer. Si hace algunos años ya demostró una versatilidad admirable a la hora de ilustrar los guiones de Antonio Altarriba, adaptándose a un cambio de registro de singular envergadura respecto al histórico Martínez, el facha, ahora evidencia de nuevo su capacidad para alejarse de la formidable sombra de El arte de volar y El ala rota y poder trazar con libertad su personal recorrido memorístico. Un distanciamiento necesario para encontrar un tono propio, pero que no esconde las deudas con el díptico sobre la vida de los padres de Altarriba, principalmente porque sin la experiencia previa con el escritor y teórico zaragozano no se habría planteado la viabilidad de Nieve en los bolsillos. Alemania 1963, un proyecto que según ha confesado en más de una ocasión venía rondándole desde mucho tiempo atrás.


Al hojearlo es inevitable acordarse de esos títulos tan recientes, que han dejado una fuerte impronta en el panorama actual de la historieta española. Sin embargo, desde la misma cubierta (un magnífico dibujo en blanco y negro entre el expresionismo y el realismo soviético), con las letras del título sucias del hollín y del humo negro y espeso que escupen las chimeneas. Desde el arranque mismo se aprecia que su primera novela gráfica en solitario, pese a suponer también un ejercicio autobiográfico de enorme ambición, se plantea un objetivo diferente, opta por otras salidas y busca una reacción distinta en el receptor. Aquí habla él en primera persona, al menos durante la mayor parte de las primeras sesenta páginas, y parece que el cómic se mueve como un animado monólogo, a un lado el lector, en el patio de butacas, y sobre el escenario Kim, desgranando los detalles iniciales de su viaje a Alemania como emigrante, con veintidós años cumplidos. Y si bien ese ritmo funciona, la narración crece sensiblemente cuando el joven Joaquín llega al albergue de Remscheid donde pasará unos cuantos meses. Desde ese momento su experiencia empieza a pespuntearse de anécdotas ajenas, se convierte en un receptor -y a la postre en un transmisor- de la palabra de otros, construyendo, a dos mil kilómetros de distancia, relato tras relato, un triste mosaico de la España de principios de los sesenta, a las puertas del desarrollismo, pero todavía oscura y cerrada.

 Al apostar, asimismo, por un alto grado de naturalismo y de sinceridad, Kim renuncia a cualquier ramalazo sentimentaloide o moralista

Al apostar, asimismo, por un alto grado de naturalismo y de sinceridad, Kim renuncia a cualquier ramalazo sentimentaloide o moralista, pues al fin y al cabo, para él, aquello fue una auténtica aventura, como reconoce en más de una ocasión, en contraste con la situación de sus compañeros de viaje. Va recordando con pulcritud cronológica, desmenuzando los pormenores si el argumento lo exige, o pasando por alto cuestiones intrascendentes. Sabe seleccionar bien los momentos, dosificar la información y equilibrar los diálogos con los textos de apoyo para evitar que no suenen ni reiterativos ni huecos. No hay énfasis, ni escenas culminantes, dotando al cómic en su conjunto de un innegable valor testimonial, como si los diferentes narradores estuvieran contándonoslo directamente a nosotros mismos.

 

 

Las historias de Matías, el abogado valenciano, de la solitaria Purificación o del viejo Manuel, tal vez los ejemplos más llamativos de cuantos encuentra Kim a su paso, son solo una pequeña muestra de las centenares de miles que se desarrollaron en ese mismo escenario entre 1960 y 1973. Entre esas fechas se produjo un movimiento migratorio masivo hacia el norte de Europa, no siempre ordenado, proveniente principalmente de Andalucía y de las provincias fronterizas con Portugal, y que supuso una cuantiosa entrada de divisas en España (sobre 7.000 millones de dólares). Se calcula que alrededor de 600.000 trabajadores españoles emigraron a aquel país a través del Instituto Español de Emigración, a los que habría que sumar un 30% más que llegaron de manera irregular. Datos y cifras que necesitan el contrapunto que Nieve en los bolsillos aporta a manos llenas.