La araña del olvido

Enrique Bonet

[Astiberri 2017]

Comencemos señalando que La araña del olvido no es otro relato más sobre el asesinato de Lorca sino el producto de la fascinación de un historietista por la historia de un hombre fascinado, a su vez, por la historia de otro hombre. Pero mejor desvelemos los nombres de este acertijo y aclaremos que esta novela gráfica es la historia que Enrique Bonet (Málaga, 1966) ha dibujado para contar(se) —a nosotros y a sí mismo— los dos años que Agustín Penón, escritor norteamericano de origen español y casi olvidado hasta hará unos veinte años, pasó en Granada, en 1955 y 1956, con el objeto de investigar la muerte del poeta Federico García Lorca.

La araña del olvido se lee, sobre todo, desde el homenaje de Enrique Bonet al escritor Agustín Penón, atrapado en la maraña de silencios y conspiraciones que envolvían la búsqueda de su admirado García Lorca, y también en la ciudad de Granada —lugar en la que ocurre esta historia y donde Bonet reside, trabaja y tan bien conoce desde hace ya algunos años—y sus fantasmas.

Como se cita en el prólogo de Juan Mata, este tebeo toma como fuente directa el libro Miedo, olvido y fantasía: Crónica de la investigación de Agustín Penón sobre Federico García Lorca (Editorial Comares, 2000), en el que Marta Osorio, amiga de Agustín Penón, trabajó durante 14 años tras la muerte de este y un amigo en común, gracias al cual ambos se conocieron, el director de teatro William Layton. Una vez más, debemos maravillarnos de esas amistades fieles hasta la muerte gracias a las cuales ciertas epopeyas disponen de un punto final.

Las vicisitudes de los tres amigos se explican tanto en dicho prólogo del profesor Juan Mata, amigo y colaborador de Marta Osorio, como en la misma historia dibujada y guionizada por Enrique Bonet. Sus perfiles psicológicos se encuentran perfectamente dibujados y sobre ellos sobrevuela la figura de Lorca, pero también la de muchas otras, víctimas —vivas o muertas— de la represión franquista durante aquellos años grises y asfixiantes de la posguerra española —el mismo Bonet pertenece a una familia represaliada por el franquismo—. De nuevo, los nietos de las víctimas hablan por boca de aquellos a los que se les negó la posibilidad de expresarse tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936.

Una de las cualidades de este tebeo es su ritmo pausado, gracias al cual el lector acompaña a Penón en sus estados emocionales a medida que este va encontrándose en su investigación tanto con los muchos obstáculos como también con los inesperados avances. Enrique Bonet no tiene prisa por explicarnos una historia donde los abundantes recovecos, sombras y silencios demoran el avance de las investigaciones del escritor norteamericano. Así, el autor regala tiempo —dibujado en una estricta gama de tonos grises, blancos y negros— al lector para que este comparta junto a Agustín Penón las subidas y bajadas emocionales, creando un equilibrado tempo narrativo.

La araña del olvido —título extraído de un verso de Lorca— es, también, una reconstrucción fiel de la ciudad de Granada durante aquellos años de falangistas fanfarrones, policías de la Brigada Político-Social y presos sentenciados a muerte. Y, como suele ocurrir cuando el lugar es parte determinante de los hechos de la historia narrada, la ciudad de Granada es, en este tebeo, otro personaje más, uno de los más importantes, marcado profundamente por su ideosincracia.

Las viñetas dibujadas por Enrique Bonet recrean fielmente los ambientes y los lugares donde transcurre la historia. Tabernas, iglesias, casas, olivares cuya negra gloria se reduce a la de albergar fosas comunes, casitas de pueblo, casas de burgueses de ciudad, plazas y calles… Todo es plasmado con la fidelidad y el respeto que el autor de este tebeo siente y transmite por esta historia y por sus protagonistas. Se agradece esta fidelidad a la verdad, que no es otra que la misma que guió la búsqueda de Agustín Penón.

La araña del olvido supone un cambio de registro en la carrera de Enrique Bonet, hasta ahora autor de títulos pertenecientes al humor gráfico como Pláginas Amarillas (2001) o Sólo para inútiles (2002), editados ambos por Ediciones El Batracio Amarillo. Actualmente es humorista gráfico en el diario La Opinión de Granada y colaborador de otras publicaciones, las cuales, esperamos, no le resten tiempo para ofrecernos muy pronto otro título a la altura de este magnífico La araña del olvido.