Paciencia

Daniel Clowes

[Fulgencio Pimentel 2016]

Un nuevo trabajo de Daniel Clowes (Chicago, 14 de abril de 1961) suele generar muchas expectativas. Más aún si este se anuncia con meses de antelación, como es el caso de “Paciencia”. Al margen del anuncio otros detalles han ayudado a animar el cotarro como el secretismo absoluto en el que trabajó (dice el propio Clowes que nadie, absolutamente nadie, vio ni una sola página antes de su publicación ni tan siquiera su mujer o su editor) o los cinco años empleados para su elaboración.

Originalmente “Paciencia” era una historia de 6 páginas destinada a aparecer en el número 16 de “Eightball” pero al final “Martian Holiday” (así es como se iba a titular) ocupaba más de lo previsto y Clowes abandonó la idea. Por aquel entonces además el autor estaba inmerso en las entregas de “Ghost World” su primer bombazo editorial. Sea como fuere no era el momento y no lo fue hasta que en 2010 decidió retomar la historia y facturar durante cinco años el que al final se convertiría en su trabajo más largo hasta la fecha: 180 páginas de una tirada sin serializar.

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No entraremos en los detalles argumentales de “Paciencia”, eso sería hacer un flaco favor al lector. Es una pena desvelar los entresijos de una narración tan rematadamente elaborada; el spoiler aquí es cualquier intento de resumen.
paciencia2“Paciencia” es una parábola de múltiples lecturas, como cualquier artefacto de cierta envergadura, se puede leer de mil y una formas distintas: como un relato pulp de connotaciones pseudo religiosas o como una novela gráfica neorrealista con toques futuristas, por poner dos ejemplos.
Clowes toca temas de cierta solemnidad como el amor incondicional, el paso del tiempo, la misoginia o la paternidad a través de su característico universo de personajes (desagradables): tipos con mirada perdida con unos cortes de pelo realmente chungos. Además los saltos temporales le brindan la oportunidad de forzar al máximo su potencial para retratar caras incómodas con la excusa de la aparición de personajes alienígenas y le permiten también despotricar contra toda una década los 80: “la puta edad de piedra” sic. Mención a parte merecen los atuendos futuristas que ha ideado, un auténtico despropósito visual.

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Treinta años después de publicar su primer cómic (“Lloyd Llewelyn” se publicó en 1986) Daniel Clowes retoma parte de las obsesiones que predominaban en aquel trabajo que mezclaba novela negra, ciencia ficción y surrealismo pop, para elaborar su trabajo más ambicioso colmando además todas las expectativas generadas y certificando su condición de auténtico clásico. Toda su maestría visual (con guiños a influencias como los “Strange Tales” de Steve Ditko) y su total dominio del lenguaje del género (los diálogos sesgados son un auténtico hallazgo narrativo) al servicio de una extraordinaria historia de amor.