Nuestros miedos ocultos

Fran Krause

[Sapristi 2017]

Internet ha propiciado en los últimos años un boom de un cómic muy inmediato, principalmente (aunque no solamente) de humor, de dibujo más o menos sencillo y con el que la gente puede conectar (y conecta) fácilmente. Se trata en la mayoría de casos de pequeñas historias cotidianas que hacen “clic” en el interior de quien las lee, que tocan la tecla de las vivencias y sensaciones más o menos cotidianas para conectar con su público. La red se ha revelado como un medio perfecto para darse a conocer entre FAVs, retweets y botones de compartir.

Autores como Scott C., Liz Prince (que hace un cameo en una de las páginas), Tom Gauld o Sarah Andersen en el extranjero o las tiras de Caniculadas en España han sabido jugar de forma excelente la carta del medio online, creando sus propios universos con los que sus lectores se sientan identificados. Una relación directa entre autores y lectores, que han sabido encontrar en las redes sociales un punto de encuentro inmejorable.

En el caso de Fran Krause (Utica, NY, Estados Unidos), el autor de Nuestros miedos ocultos, la relación con sus lectores ha ido un poco más allá. Después de ser él quien expusiera sus propios medios a través de sus viñetas, los seguidores de su página de Tumblr, el medio original en el que se publicaron, empezaron a mandarle sus propias ideas en forma de miedos reales, en una especie de ejercicio de creación colectiva 2.0 la mar de interesante.


El resultado son un buen montón de “páginas” (¿es una página una página cuando no está impresa? ¡Ahí va eso!) que dibujan todo tipo de miedos. Desde los más cotidianos: miedo a hacerse viejo, a quedarse solo, a amar y no ser correspondido, a confundir las casillas de Facebook y publicar el nombre de alguien a quién queríamos cotillear el perfil, a los más alucinógenos: miedo a tirar de un pelo que nos acabe deshilachando como a un jersey. Pasando por lo directamente gore, como el miedo a tocarse tanto el ombligo que se te salgan las tripas por él y tengas que llevarlas en un cesto. No, en serio ¿y si pasa?

Se trata por lo general de páginas auto-conclusivas divididas en cuatro viñetas que describen estos miedos casi como si se tratara de poesía, con cuatro frases cortas y dibujos sencillos y en principio inocentes que encierran un montón de historias imaginativas sobre los miedos humanos más primarios.

Resulta gratificante compartir las obsesiones que describe el autor y ver que no estamos tan chalados como pensábamos

Tratando un tema tan universal como este no es difícil que nos sintamos identificados con alguna de las páginas del cómic y que, ya que pasábamos por aquí, adoptemos algún miedo nuevo que llevarnos en la mochila. Resulta gratificante compartir algunas de las obsesiones que describe el autor y ver que no estamos tan chalados como pensábamos. O que, al menos, hay por ahí alguien tan chalado como nosotros que teme sacar el brazo de la cama por si alguien o algo se lo acaba cortando.
No es que a mí me pase. Es que… bueno, se lo oí a un amigo. Ejem.

La edición de Sapristi se corresponde al primer tomo recopilatorio publicado en Estados Unidos (donde por cierto acaba de aparecer el segundo), que reúne 101 páginas inspiradas por otros tantos seres humanos acongojados por la vida que les rodea. Una lectura simpática y ligera pero que a la vez puede abrir un debate interesante sobre qué es lo que más tememos y la irracionalidad de nuestros propios miedos. Una obra que gustará a los fans del mejor Tim Burton y a los que disfrutan con el macabro sentido del humor de Edward Gorey.
A estas alturas los hipocondríacos ya nos han abandonado a nuestra suerte y han dejado de leer hace rato. Menos tú, y menos yo, que he tenido que escribir esto y ahora temo que en cualquier momento se me caiga un aparato de aire acondicionado encima, o que me toque la cara y me la deje como un Picasso, que se me caigan los dientes, o que por fin se manifieste alguna de las múltiples criaturas invisibles que seguramente me rodean cada día.

Muchas gracias, Fran Krause. Como si la vida no fuera ya lo suficientemente complicada.