Night Business

Benjamin Marra

[Autsaider Comics]

Si sabes de qué palo va Benjamin Marra (Halifax, 1977), seguramente ya sepas qué te espera al abrir Night Business. Si no, puede que se te crucen los cables y se te gire el cerebro ante la avalancha de preguntas que asolarán tu mente como disparadas por una metralleta de las que lleva Rambo: ¿Es un recopilatorio de material publicado en los ochenta? ¿Está dibujado hace dos días? ¿Esto va en serio? ¿Es una parodia? ¿PERO ESTO QUÉ ES?, piensas mientras te salen espumarajos por la boca y te retuerces ante la atenta mirada de un niño que lo único que quería era su Naruto y al que ya has traumatizado de por vida.

Vamos a situarnos para evitar una situación tan desagradable. Benjamin Marra lleva ya unos años siendo el chico malo del cómic underground norteamericano. Sus cómics, publicados originalmente en formato comic book e impresos en papel barato, suelen moverse en unos parámetros más o menos fijos: historias de venganza y/o justicia situadas en las peores calles de los peores barrios de ciudades en decadencia, protagonizadas por tíos muy duros y malos muy malos.

En este contexto, las historias de Marra echan la vista atrás hasta el cine de hostias más marrullero de los años ochenta, el slasher sangriento en el que a ritmo de cuchillada va cuchillada viene no sobrevive ni el apuntador y el cine de artes marciales más esperpéntico, todo metido en un vaso de cóctel a lo Manhattan y servido con una pajita rosa y una sombrillita de papel un poco fea pero irresistiblemente encantadora.

De hecho, la historia de Night Business podría venir en la parte trasera de un VHS de hace treinta años. Es más, esta es la sinopsis que viene en la contraportada y que no me puedo resistir a copiar entera. ¿Para qué, si yo no voy a ser capaz de sintetizar tanta poesía?:

“1983. Drogas y clubs de estriptis. Las bailarinas regresan solas a casa por la noche en la ciudad. Asesinos acechan en los callejones de la ciudad por la noche. Johnny es representante de bailarinas de la noche en la ciudad. Johnny no va a consentir que nada malo les suceda a sus chicas en la ciudad por la noche”.

Después de esto, pues qué os voy a contar. Tiros a diestro y siniestro, peleas a vida o muerte, mucha sangre y drogaína dura. Todo con un estilo de dibujo minucioso e hiperbólico en los primeros planos y simple en los planos generales, llenos de figuras tiesas como muñecos de acción. Algo a medio camino entre las ilustraciones de las cajas de los G.I. Joe y los dibujos del chaval de la clase que se le daba bien el lápiz y al que le pedías el más difícil todavía: más músculos, más sangre, tetas más grandes.

Y es que los personajes de Night Business parecen salidos del pupitre pintarrajeado de un niño de trece años: motoristas justicieras con capa y lencería, asesinos vestidos de cuero y machotes de mandíbula cuadrada que revientan cabezas con las manos. Todo en Night Business es extremadamente exagerado, sin complejos ni ataduras. Una gamberrada divertidísima por exceso, un cómic que es todo lo que los cómics nunca deberían dejar de ser: divertidos.

Autsaider Cómics es probablemente la única editorial española que podía traer la obra de Marra en España, y lo hace en una edición cuidada y que aún así mantiene intacto el espíritu pulp y gamberro de la obra original. Por cierto, en las primeras páginas el autor escribe una lista de canciones para escuchar mientras lees el cómic, y os recomiendo que le hagáis caso. Temazos de rock made in 80s que se convierten en la banda sonora perfecta recorrer las calles de Night Business. Y si la escucháis a través de un radiocasete de doble pletina mientras vuestra madre os llama a cenar, la experiencia ya será lo más.

Night Business es un delirio, pero un delirio que juega con sus cartas bien a la vista. Es acción desenfrenada y pasada de rosca, diálogos de película de Charles Bronson maquetados medio regular y cuerpos con músculos que ni siquiera sabías que existían. Una reivindicación de la cultura ochentera sin glamour ni mitificación posible. Una canallada que se hace tremendamente adictiva. Como cuando pillas una película de Chuck Norris en la tele y la dejas puesta hasta el final sin saber muy bien por qué. Bueno sí: porque MOLA.

Aquí podéis disfrutar de la playlist seleccionada para la lectura de Night Business: