Los mejores cómics de 2016

4. Helios

Étienne Chaize

Fulgencio Pimentel

Epopeya ilustrada y libro descomunal (en todas sus acepciones: por tamaño y por contenido), Étienne Chaize  nos cuenta el viaje de un rey y su cohorte a través de un mundo lleno de amenazas y adversidades en busca del Sol a través de un peculiar estilo que mezcla la estética pop ochentera (flúor por un tubo) los videojuegos de rol y un espectacular despliegue paisajístico; Helios es un libro “mudo” pero de una elocuencia descomunal: sus páginas están llenas de detalles lo que da lugar a un abanico de lecturas y re-lecturas.
Un auténtico placer para el lector de tebeos de raza: el iniciado antes de saber leer; aquel que trataba con cada repaso de página descifrar los entresijos de la narración. Asombroso.

3. Tokyo Zombie

Yusaku Hanakuma

Austaider Comics

Obra cumbre del “heta-uma”, escisión punkarra del manga que traducida a lo loco podría ser algo así como “malo pero bueno”. Esto es: dibujado con mala leche pero con un fondo y un despliegue de hallazgos narrativos de levantarse y aplaudir sonoramente.
Tokyo Zombie sería una obra canónica dentro de este subgénero, algo así como el Blitzkrieg Bop de los Ramones del “heta-uma”. El dibujo puede pasar por el del compañero de pupitre del instituto sí, pero la historia, los giros argumentales y algunos de los personajes que pueblan sus loquísimas páginas son de una originalidad descomunal.
Un auténtico tesoro que por fin y después de mucho tiempo llega a nuestro país.

2.Beverly

Nick Drnaso

Fulgencio Pimentel

Los personajes de Nick Drnaso son como las figuras de un diorama, de una maqueta. No hay un solo atisbo de emoción todos es de una frialdad y de una inhumanidad chocante. En cambio las historias en donde los sitúa su autor son auténticos bocados de realidad, bajona máxima vaya. Hiperrealidad suburbana americana. Desde un chavalín que apunta maneras como próximo asesino en serie norteamericano pasando por la turbia relación entre dos ex-amigas de colegio.
A muchos les sonará la mezcla de hecho esta opera prima podría resumirse como (¡atención!) si Chris Ware dibujara las historias de Adrian Tomine con la finura argumental de Daniel Clowes y la mala leche perturbadora de Charles Burns. Bien, reduccionismo patillero sí, pero nada lejos de la verdad. Drnaso tiene cosas que recuerdan a esos cuatro autores pero al mismo tiempo su manera de contar esa especie de lugar común que todos ellos comparten es totalmente novedosa y rompedora.

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